Debates

Transfeminismo antiespecista

Por Valentina Trujillo

Es difícil llegar a un espacio de personas organizadas que están luchando contra una opresión concreta por su condición marginal, y decirles que de la misma forma en que hay un sujeto privilegiado por encima de nosotras, nosotras también estamos en una posición de privilegio por encima de otrxs; es decir, nos encontramos en una situación de opresoras. Es difícil porque mucho nos ha costado hacerle frente a nuestra subordinación como “mujer” para decirnos que la justa lucha por la igualdad que estamos buscando, no es tan justa cuando hay otros seres que no pueden beneficiarse de esa igualdad y que, ignorando sus condiciones, siguen estando oprimidos.

Por esta razón, el tema que convoca este café está pensado para que nos cuestionemos estos privilegios, los cuales entran dentro de la normalización de nuestras vidas. Preguntémonos entonces por esta serie de privilegios: ¿hablo inglés o español? ¿Nací en el país que resido? ¿Soy cisgénero? ¿Tengo trabajo? ¿Soy atractiva? ¿Soy heterosexual? ¿Soy blanca? ¿Soy del “primer mundo”? ¿Soy alta? ¿Soy delgada? ¿Vivo sin diversidad funcional? ¿Y sin antecedentes criminales? ¿Soy inteligente? ¿Soy rica? ¿Estoy mentalmente “saludable”? ¿Tengo estudios? ¿Soy cristiana? ¿Soy ciudadana? ¿Soy humana?(1) De la única respuesta que puedo estar segura que todas respondimos afirmativamente es de la última; todas en esta sala somos humanas y por ende nos cobija el mayor de los privilegios.

Ahora bien, para hablar de transfeminismo antiespecista, es necesario entender ambos conceptos y posteriormente el porqué de su relación.

Cuando se habla de transfeminismo, se hace referencia a un conjunto de cambios en la concepción del sujeto político del feminismo que se da en los años ochenta, ampliando los horizontes de este movimiento, entendiendo que el género es un sistema de opresión que afecta directamente a otros grupos subalternos, anormales, cuerpos considerados históricamente como patológicos y que deben ser exterminados. Surge de la apropiación del insulto queer, y de esta manera da lugar a la búsqueda de gramáticas, lenguajes, instrumentos y estrategias para desmontar los regímenes de la normalización del cuerpo que viene con la modernidad. De esta manera, con la deconstrucción del género que propone este movimiento, se trata de poner en el centro de los debates feministas la especificidad de la opresión sexual, sin que ésta esté eclipsada por el género. Busca también el cuestionamiento de la norma heterosexual como régimen político-económico y como base de la división sexual del trabajo o de las desigualdades estructurales entre los géneros. (2)

Siguiendo esta lógica, cito a Preciado “Los transfeministas no necesitamos un marido porque no somos mujeres. Tampoco necesitamos ideología porque no somos un pueblo. Ni comunismo ni liberalismo. Ni la cantinela católico-musulmano-judía. Nosotros hablamos otra lenguas. (…) Somos los jacobinos negros y maricas, las bolleras rojas, los desahuciados verdes, somos los trans sin papeles, los animales de laboratorio y de los mataderos, los trabajadores y trabajadoras informático-sexuales, putones diversos funcionales, somos los sin tierra, los migrantes, los autistas, los que sufrimos de déficit de atención, exceso de tirosina, falta de serotonina, somos los que tenemos demasiada grasa, los discapacitados, los viejos en situación precaria. Somos la diáspora rabiosa. Somos los reproductores fracasados de la tierra, los cuerpos imposibles de rentabilizar para la economía del conocimiento.” (3)

Sin embargo y dicho esto, es importante destacar que no hay una definición cerrada de lo que es el transfeminismo, pues es un abanico abierto y compuesto por multiplicidad de saberes, cuerpas, subjetividades, lenguajes, identidades, sexualidades, por eso, lo que se pretende es huir de una definición cerrada, pues no corresponde delimitar unas bases o de circunscribir un campo de pensamiento.

Por su parte, para definir antiespecismo se debe empezar definiendo qué es especismo. Es un término acuñado en los años 70, asimilándose a los conceptos de racismo y sexismo. Se entiende entonces como la discriminación de los animales que no pertenecen a una determinada especie, normalmente la humana, cuya estructura se cimienta en la creencia de la superioridad de los seres humanos como culmen de la evolución (antropocentrismo) atribuyéndonos la arbitraria potestad para dominar otras especies animales. Así mismo, la jerarquía entre especies se da incluso entre animales no humanos (jerarquía impuesta por los humanos, claro está), es decir, empatizamos mejor con un perro o un gato que con una vaca, y mejor con una vaca que con un pez o un gusano. Teniendo esto claro, el antiespecismo es la negación de la superioridad de una especie por encima de otra, evitando discriminación y opresión, manteniendo la idea de la igualdad y justicia entre especies. De esta manera, el antiespecismo es la única lucha en la que se es útil incluso dejando de hacer.

Ahora bien, la unificación de ambos movimientos se ha empezado a concebir desde hace varios años, particularmente, Carol J Adams, escribe hace 25 años La Política Sexual de la Carne. Una teoría crítica feminista vegetariana. En la obra, la autora trabaja el concepto de referente ausente “A través de la matanza, los animales se han convertido en referentes ausentes. Los animales, tanto su nombre como su cuerpo, son convertidos en ausentes como animales para existir como carne. (…) sin los animales no habría consumo de carne y, sin embargo, están ausentes del acto de comer carne porque han sido transformados en comida.”(4).

El lenguaje renombra a los cuerpos muertos antes de comérselos. No es un cerdo, es jamón, papada, chuleta, lomo, paletilla; no es una vaca, es morrillo, costilla, solomillo, jarrete, espaldilla; no es un pollo, es una pechuga, un muslo, un ala, son huevos. De esta manera, los animales vivos son ese referente ausente en el concepto de la carne. Añade Adams que hay tres maneras en que los animales se convierten en referentes ausentes, la primera es literal, que es la que acabo de explicar, la segunda es definitoria, por ejemplo cuando se dice que se comen terneras o corderos y no animales bebés, cambia la forma en como nos referimos a ellos, y la tercera es la metafórica, por ejemplo, cuando las víctimas de violación o mujeres maltratadas dicen “me sentí como un trozo de carne”, en este caso el significado de carne no se refiere a sí mismo, sino a cómo se sintió la mujer ante violencia machista. La carne cumple un referente ausente cuando forzamos el significado de la metáfora: nadie puede sentirse como un trozo de carne, porque por definición es algo violentamente privado de todo sentir. En el caso de las mujeres, por ejemplo, el referente ausente se hace evidente en la publicidad, donde se vende un perfume, pero lo que se muestra es una mujer semidesnuda; cuando se vende una hamburguesa, ésta está en medio de dos senos, y lo mismo se ve en la historia del arte y la representación de los trozos de cuerpos desnudos de las mujeres.

Por lo tanto, la opresión está basada en la cosificación, la subordinación y el abuso del/la otra. Entendiendo en primer lugar la cosificación cuando un sujeto es percibido como objeto o propiedad, en vez de un sujeto con intereses propios que deben atenderse, por ejemplo: la erotización de los animales listos para el consumo y la animalización del cuerpo de las mujeres listas para el consumo, ambos bajo cánones heteropatriarcales. En segundo lugar la subordinación es cuando se carece de voz o poder político, ser desatendidas, ignoradas y controladas los intereses propios, por ejemplo, cuando Wollstonecraft escribe la carta de vindicación de los derechos de las mujeres en el siglo XIII, al poco tiempo un inglés escribe un manifiesto a modo de parodia por la vindicación de los derechos de los animales. Y en tercer lugar el abuso como la sujeción a violencia física y sexual, por ejemplo, la violación de vacas para la producción masiva de leche; la matanza desmedida de mujeres por razones machistas, -haciendo uso metafórico de las palabras violación y matanza-. (5).

La propuesta finalmente no es tan difícil ni imposible, basta con usar nuestros privilegios atribuidos sin mérito para favorecer a quienes estén en peor situación, con interactuar entre nosotrxs, brindar ayuda a quienes lo necesiten, tomar un papel activo dentro del sistema, ponernos en la situación de otrxs y evitar injusticias cotidianas. Cuidarnos entre especies.

Notas:
(1) Faria, Catia. (2016) “Les bretxes quotidianes que alimentem: privilegis invisibles”. Escola d’Estiu, Barcelona, España. (En línea en

(2) Solá, M., & Urko, E. (2013). Tranfeminismos. Epistemes, fricciones y flujos. Nafarroa: Txalaparta. Pg: 17
(3) Ibidem
(4) Adams, C. J. (2016). La política sexual de la carne. Una teoría crítica feminista vegetariana. Madrid: Ochodoscuatro ediciones. Pg: 126
(5) Faria, Catia. (2016) “Les bretxes quotidianes que alimentem: privilegis invisibles”. Escola d’Estiu, Barcelona, España. (En línea en https://www.youtube.com/watch?v=qHcrdGZYnsI&t=28s).

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